El primero de tres ensayos que sostienen que el riesgo real de un despacho no es la IA, sino alquilar la capa en la que vive lo que lo diferencia.
Escrito un año antes de que el sistema soberano existiera como producto, este ensayo plantea la pregunta que el mercado de la IA jurídica evitaba: si casi todo lo que compran los despachos es una envoltura alrededor del modelo de otro, ¿qué ha adquirido exactamente el despacho?
El argumento va de dependencia, no de capacidad. Los laboratorios que están debajo de esas envolturas pierden sumas enormes cada mes, y tienen tanto la tecnología como el incentivo para subir por la cadena hasta el sector que ocupan sus clientes. La diferenciación de un proveedor, construida con filtros a medida y restricciones de flujo de trabajo, protege poco frente a quien controla el modelo.
La alternativa que propone es la que hoy construimos para vivir: modelos de pesos abiertos en la infraestructura del propio despacho, a un coste de infraestructura que un despacho mediano puede asumir, con el despacho como proveedor del software y no como cliente del software.
Esto es nuestro resumen, no el artículo. El texto completo, en inglés, sigue en manos de quien lo publicó. Léelo allí.